Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

domingo, 19 de enero de 2014

Ciencia de las ciencias

El poeta es el motor de alta frecuencia espiritual, 
es quien da vida a lo que no la tiene; cada palabra, 
cada frase adquiere en su garganta una vida propia, 
y nueva, y va a anidarse palpitante de calor 
en el alma del lector. 

Vicente Huidobro



En 1925,  Vicente Huidobro,  publicaba su Manifiesto de Manifiestos,  un intento de acercamiento a la figura del   poeta  y al conocimiento de la  poesía:

 “transmutación de todas las cosas en piedras preciosas”. 

Un texto imprescindible si como a mí os fascina que el lenguaje y la comunicación transciendan los límites de lo común y transformen las palabras en magia.

Hace tiempo os conté como cierto día abrí el poemario  “Crujido”  de Princesa Inca  y me vi literalmente arrastrada y seducida por lo que allí se expresaba, por la dureza y el desgarro que en esas páginas había, también por su ternura. Páginas escritas desde un dolor que la mayoría de nosotros desconocemos y no somos capaces de imaginar. Sí, es cierto, a diario nos alimentamos de mil dolores pequeños que, al ser propios, sobredimensionamos. “Trozos heridos somos, trozos que se mutilan” dice ella que sabe bien de qué habla y ha mirado de frente al Mal con mayúsculas. A través de sus palabras nos desnuda a todos al desnudarse ella, nos interroga al interrogarse. Un estado de superconciencia que, como decía Huidobro, solo pertenece a los poetas.


Hace unos días murió uno de los más grandes poetas que ha pisado la Tierra:   

 Juan Gelman,   él como nadie miró de cara al dolor, supo bien lo que era la pena y se vio de frente al horror y la injusticia y aun así intentó entender, aun así su   Oración  del Desocupado   pidiendo una ayuda desesperada, y aun así qué bien nos contó qué cosa es eso del   Amor… lleno de   

Preguntas


Ya que navegas por mi sangre
y conoces mis límites,
y me despiertas en la mitad del día
para acostarme en tu recuerdo
y eres furia de mi paciencia para mí,
dime qué diablos hago,
por qué te necesito,
quién eres, muda, sola, recorriéndome,
razón de mi pasión,
por qué quiero llenarte solamente de mí,
y abarcarte, acabarte, 
mezclarme en tus cabellos
y eres única patria
contra las bestias del olvido.



Al recibir el Cervantes en el 2007 declaró que el poeta “no escribe para vivir, sino que vive para escribir”. Ahí está su obra, prueba tangible de la veracidad de esta afirmación. Si, como dijo Huidobro: “el poeta es aquel que sorprende la relación oculta que existe entre las cosas más lejanas, los ocultos hilos que las unen”,  la aportación de Gelman es impagable porque ha sabido como nadie hacerlo así y darle en “su garganta una vida propia”. 

Os recomiendo un rato en su compañía, en su lectura hallaréis un lenguaje que nos define como pocos han sabido.

La entrada de hoy pretende ser un homenaje a su figura y a su obra que me ha acompañado tantas horas, pero, sobre todo, un homenaje a los poetas que, al igual que él, transcienden los límites de la comunicación y nos elevan sobre nuestra pobre condición humana.

En los dos post anteriores nos paramos un rato a ver  qué sacábamos en claro  de las Ciencias para nuestro día a día y salimos aún más perplejos de lo que de por sí estamos. Así que, al igual que Huidobro acabó su Manifiesto, termino yo también hoy utilizando las palabras de Saint-Pol-Roux declarando a la Poesía: Ciencia de las Ciencias, procedente directamente de la ley de los dioses.


Geómetra es lo absoluto, el arte va ahora a fundar comarcas, comarcas que sólo participarán del universo tradicional por su único recuerdo básico, comarcas en cierta forma registradas bajo una rúbrica de autor; y estas comarcas originales donde la hora será dada por los latidos del poeta, donde el vapor estará constituido por su aliento, donde las tempestades y las primaveras serán sus alegrías y sus penas, donde la atmósfera será el resultado de su fluido, donde las ondas expresarán su emoción, donde las fuerzas serán los músculos de su energía, y de las energías subyugadas, estas comarcas, digo, el poeta en un patético parto las amoblará con la población espontánea, con sus tipos personales.
La ciencia propiamente dicha nada tendrá que pretender de esos milagros, al declararse súbitamente la poesía ciencia en sí, ciencia de las ciencias, capaz de bastarse, en posesión de reglas caprichosas, que se diferenciarán de un poeta a otro, a pesar de provenir de una ley primordial, la ley de los dioses.