Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

miércoles, 23 de octubre de 2013

Y a ti ¿qué te pone?


Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo que entusiasmarnos.

Charles Kingsley 



Hace unos días recibí una llamada de un buen amigo:

“tienes que escuchar esto, no puedo dejar de oírlo, es buenísimo”







No era una situación que me sorprendiera especialmente pues a lo largo de nuestros muchos años de amistad se ha repetido infinidad de veces y a él le debo nuevos gustos musicales y estar al día en todo lo que aparece nuevo en la música

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Pero lo que sí que no deja de sorprenderme es esa capacidad de asombro y esa inamovible determinación hacia el entusiasmo por todo y que por suerte sigo encontrando en él y en la mayoría de mis amigos. Esa capacidad de "ponerse" con las cosas más pequeñas, con lo que merece la pena. Esas ganas, esa curiosidad.

Será esta época tan y tan cutre que estamos viviendo, o esta hipocresía que nos rodea y que se cuela hasta en nuestros gestos más cotidianos y en nuestras esferas más íntimas, o quizá este caldo descorazonador que nos están cociendo a todos para que como corderitos nos sumerjamos en el sin rechistar. O lo mismo es cosa de la edad, vete a saber, no lo sé. El caso es que con el tiempo cada vez le doy más valor a estos gestos, a esa defensa de la Alegría de la que habló  Benedetti  y ese voto por la Esperanza (no se me confundan que esta no tiene ni apellidos, ni es condesa, esta es la buena la que da alas y nos alienta cada mañana)

Estaba intentando entresacar del poema el verso que más me impacta para ofrecéroslo pero ¿con cuál quedarme? Todo el conjunto es bueno

Creo que me quedo con la idea que lo sobrevuela: más allá de toda mojigatería y de todo ese “buenismo”,  la elección de vivir a pelo y sin engaños, con la  Alegría como bandera. Parece fácil. No lo es.

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría

Luego me he parado a pensar qué cosas  "me ponen"  a mí y me ayudan en mis defensas de la Alegría cual Actimel.

La Música, por supuesto. 
Creo que su sola creación es lo que ha convertido al ser humano en un ser inteligente.

El Mar.

Un amanecer en mi calle.





















La risa de Diego.




Pero sobre todo:

la mano de una amiga, 
un abrazo sincero, 
una palabra a tiempo, 
la mirada que habla, 
un beso.

Así es, porque sin los demás no somos.

Ayer, mientras preparaba esta entrada salía en  El Huffington Post  un artículo dando razones para el “buen rollo”, esas casualidades que ya sabemos que al final no son tales. Seguramente últimamente todos tenemos esa idea en la cabeza: buscar motivos y si no los hay inventarlos porque  “mi capitán, la situación comienza a ser alarmante”. 

Y leyendo esas razones me reafirmo en lo dicho: lo que más nos pone es “el otro”.


Descubrirnos, eso sí que da buen rollo.