Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

martes, 25 de junio de 2013

¡Olvídate de mí!




How happy is the blameless vestal’s lot!
The worid forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray’r accepted and each wish resign’d
Alexander Pope





Tal vez alguna vez habréis querido quitaros de la cabeza a alguien, resetear para no sentiros asaltados por ese sentimiento que no os abandona nunca y que pensáis inviable, que lo complica todo. Atribulados habéis asistido a la batalla interna entre la razón y el corazón intentando, como es de ley, que la razón conquiste la plaza. Pero, como ya dice Pascal  “el último paso de la razón es reconocer que hay una infinidad de cosas que la sobrepasan”   y, continúa,  “el corazón tiene razones que la razón no entiende” .

Ya lo habréis notado, cuanto más habéis querido cercar al sentimiento, este tercamente ha vuelto con más fuerza, como un boomerang, casi como un alien que se ha apoderado de vosotros ¿qué hacer?

¿Y si existiera la máquina perfecta que lo hiciera desaparecer de vuestra cabeza? 
Algo así debió pensar Michel Gondry cuando empezó a gestar, junto con Charlie Kaufman el guión que luego resultó ser Eternal Sunshine of the spotless mind, El eterno resplandor de la mente inmaculada, que aquí se tituló ¡Olvídate de mí! y en el que se materializa esta máquina milagrosa con la que hacer borrón y cuenta nueva.

Si fuera así de fácil, si fuera solo eso.

Gondry con su película consiguió trasladar a la pantalla lo agridulce de los sentimientos, lo tremendamente complicados que somos los seres humanos y lo complicado que lo hacemos todo.

“Si alguna vez estás cerca de un humano y del comportamiento humano prepárate para confundirte, definitivamente no hay lógica”  canta  Björk en su primera colaboración con Gondry. Menudo equipo, habría pagado por verles trabajar juntos en el vídeo que abre este post.

¡Olvídate de mí! es probablemente una de las películas más inteligentes, conmovedoras, sorprendentes, magistrales que yo haya visto nunca. A pesar de que no resulta fácil seguir su trama pues no está contada de un modo lineal, conforme van encajando todas las piezas y te vas adentrando en ella sientes como si te estuvieran robando un trocito propio para utilizarlo como argumento.  Muchas situaciones resultan muy familiares, muy reconocibles, desde la alegría del encuentro, el enamoramiento, hasta la desazón de la separación, el sinsabor de la despedida, el reencuentro. Y todo ello contado con el toque de imaginación y creatividad propio de Gondry, con su particular mundo, donde el surrealismo se vuelve cotidiano y encaja en cualquier situación haciéndola creíble por rocambolesca que parezca.

Magnifico Joel (Jim Carrey) roto de dolor después de leer la nota en la que se le comunica que Clem (Kate Winslet) ha decidido borrar de su mente todo lo que tenga que ver con él. Punto de inflexión, no querías caldo, toma dos tazas.

Pero (siempre hay un pero) resulta que no está ahí el tema, nada de `a otra cosa mariposa´. Una vez hechos desaparecer los recuerdos, la vida, el destino, la química,  no lo sé, se empecina, se obceca, te la juega y te coloca de nuevo en el punto partida. Como dice Juan Luis Caviaro en el enlace donde reseña muy bien la película y que aquí os cuelgo,  cuando se da una conexión única y verdadera, resulta poderosa,  no hay limpieza en seco que pueda con ella (esto último lo digo yo ;). No dejéis de leerlo, merece la pena, como tampoco dejéis de escuchar la estupenda versión de Beck, Everybody's gotta learn sometime.

Pues sí, todos a veces tenemos algo que aprender pero al parecer...

no hay manera…





 
(Michel Gondry ha estrenado este año La espuma de los días, basada en el libro de Boris Vian, y aún no ha sido estrenada en España. No me la pierdo)