Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

domingo, 15 de diciembre de 2013

Afrodisiaca

Su aliento es como miel aromatizada con clavo de olor; su boca, deliciosa como mango maduro. Besar su piel es como probar el loto. La cavidad de su ombligo oculta acopio de especias. Qué placeres yacen después, la lengua lo sabe, pero no puede decirlo. 
Srngarakarika, Kumaradadatta (siglo XII)


Quiero hacer hoy una confesión :( 

Hubo un tiempo en el que esperaba con impaciencia cualquier publicación de Isabel Allende.  Su primer libro “La casa de los espíritus” me impactó de tal manera que su estela continuó durante varios años. Esa prosa casi poesía digna heredera de García Márquez, esos escenarios que dibujaba, los personajes, sus vivencias, todo me fascinaba. Pero un día, de repente, no sé si por hartazgo o por sobreexposición, cayó en desgracia y mi veneración se volatilizó. No diré que me pusiera a la contra, pero ya era un sí, pero no.


Hasta que un buen día llegó la reconciliación cuando publicó  Afrodita,  un precioso libro donde la autora, aúna a Eros con la cocina para exaltar los sentidos. Todo un tratado sobre la tentación y el deseo unido a la sensualidad que los afrodisiacos despiertan en nuestros sentidos. Ya sabemos que comida y sexo van estrechamente ligados y que ha habido mucho arte dedicado a recordárnoslo. En este caso es indudable la gracia, el humor, el buen gusto, con los que Isabel Allende nos habla del tema. Como es lógico los sentidos del gusto y el olfato tienen un extenso tratamiento al ser los actores principales entre pucheros.


A lo largo del libro nos presenta todo tipo de especias, hierbas, salsas, bebedizos (en realidad ella habla de sopas y caldos pero al tratarse de recomendaciones afrodisiacas me gusta más llamarlos así) carnes, pescados, que tratados con sabiduría y tacto resultan altamente eróticos.

Mención especial al vino “maravilloso brebaje que tiene el poder de alejar las preocupaciones y darnos, aunque sea un instante, la visión del Paraíso”

Increíblemente bien documentada hace un recorrido por la Historia y por los autores que de algún modo han dedicado un poco de tiempo al tema. Os dejo aquí la carta que incluye al comienzo del apartado dedicado al Erotismo y que se la escribió Anaïs Nin al cliente anónimo que les pagaba a ella y a Henry Miller por escribir cuentos eróticos y, como dice Isabel Allende, en la que queda constancia de la esencia misma del erotismo:

Querido Coleccionista: Le odiamos. El sexo pierde todo su poder y su magia cuando es explícito, rutinario, exagerado, cuando es una obsesión mecánica. Se convierte en un fastidio. Usted nos ha enseñado más que nadie sobre el error de no mezclar el sexo con emociones, apetitos, deseos, lujuria, fantasías, caprichos, vínculos personales, relaciones profundas que cambian su color, sabor, ritmo, intensidad. 
No sabe lo que se pierde por su observación microscópica de la actividad sexual, excluyendo los aspectos que son el combustible que la enciende: intelectuales, imaginativos, románticos, emocionales. Esto es lo que le da al sexo su sorprendente textura, sus transformaciones sutiles, sus elementos afrodisiacos. Usted reduce su mundo de sensaciones, lo marchita, lo mata de hambre, lo desangra. 
Si nutriera su vida sexual con toda la excitación y aventura que el amor inyecta a la sensualidad, sería el hombre más potente del mundo. La fuente del poder sexual es la curiosidad, la pasión. Usted está viendo su llamita extinguirse asfixiada. La monotonía es fatal para el sexo. Sin sentimientos, inventiva, disposición, no hay sorpresas en la cama. El sexo debe mezclarse con lágrimas, risa, palabras, promesas, escenas, celos, envidias, todos los componentes del miedo, viajes al extranjero, nuevos rostros, novelas, historias, sueños, fantasías, música, danza, opio, vino. 
¿Sabe cuánto pierde por tener ese periscopio en la punta de su sexo, cuando podría gozar un harén de maravillas distintas y novedosas? No hay dos cabellos iguales, pero usted no nos permite perder palabras en la descripción del cabello; tampoco dos olores, pero si nos expandimos en esto, usted chilla: ¡Sáltense la poesía! No hay dos pieles con la misma textura y jamás la luz, temperatura o sombras son las mismas, nunca los mismos gestos, pues un amante, cuando está excitado por el amor verdadero, puede recorrer la gama de siglos de ciencia amorosa. ¡Qué variedad, qué cambios de edad, qué variaciones en la madurez y en la inocencia, perversión y arte…! 
Nos hemos sentado durante horas preguntándonos cómo es usted. Si ha negado a sus sentidos seda, luz, color, olor, carácter, temperatura, debe estar ahora completamente marchito. Hay tantos sentidos menores fluyendo como afluentes al río del sexo, nutriéndolo. Solo la pulsación unánime del sexo y el corazón juntos puede crear el éxtasis.

Uffff … ahí queda eso

Y todo esto se lo escribe Anaïs Nin porque dicho señor les pedía que se dejasen de florituras y que fuesen al grano ya que el resto le sobraba. Pobre hombre.

Mi recomendación de este libro os va a dejar muy buen sabor de boca, seguro.

Bueno y todo esto porque hoy me he acordado de una anécdota que me contó una amiga y que me hace mucha gracia: Estando sentada en una terraza dos señoras cerca de ella, ya entraditas en años, se estaban contando una telenovela y en un momento dado una de ellas dijo: 

“Chica, me dejas afrodisiaca”


Ojalá que a todos nos dejaran afrodisiacos a diario pues en realidad no hay mejor afrodisiaco para ponernos a tono que tener cerca el objeto de deseo.


¿un café?