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"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

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martes, 16 de abril de 2013

Cave musicam !


Comenzamos la semana cautos... ¡Cuidado con la música!
¿Quién nos lanza esta advertencia y muestra serios reparos hacia la música? 
Pues nada menos que Friedrich Nietzsche desde su libro de aforismos Humano, demasiado Humano (1878) donde llega a afirmar de ella que es

“peligrosa… …su orgía, su placer en despertar estados cristianos…van a la par de la impureza de la inteligencia y de la exaltación ensoñadora del corazón” 
Curiosas palabras para quien se había marcado el firme propósito de vivir su vida consagrado por entero a la música y que llegó incluso a componer (sin mucho acierto, todo hay que decirlo). Para él, la música sola se bastaba como justificación del mundo. Ella “principio de razón suficiente”.  Pero del mismo modo que la amó, se fue apartando:
“Comencé a prohibirme, a fondo y por principio, toda música romántica. Tratase de un arte ambiguo, fanfarrón y sofocante: le hace perder fuerza y regocijo al espíritu, multiplicando toda clase de oscuros anhelos y de flotantes codicias. Cave musicam (ten cuidado con la música): es mi consejo a todos los que tengan suficiente hombría como para atenerse a las cosas del espíritu”.


Edward John Poynter "Orfeo y Eurídice"
 
Pues no sé qué deciros. 
Conmigo que no cuente porque para mi un día sin música es lo que para Charles Chaplin un día sin reír, esto es, un día perdido. Así que, me quedo con la afirmación de juventud de Nietzsche “sin música la vida sería un error”.  
Aún con todo lo que Nietzsche le atribuye: equívoco, hechizo, perversión, embrujo, no creo que haya nada que se le asemeje. Capaz de acompañarnos en cualquier momento de nuestra vida, desde los más alegres y exaltados, hasta aquellos en los que mordemos el polvo y en los que dejamos que nos retuerza por dentro con premeditación y alevosía.

Si hay alguien que en nuestros días está haciendo historia por el tratamiento que está dando a la música y sobre todo con su propósito desmitificador de la música clásica, se llama Alex Ross, crítico de música en el New Yorker. Su libro “El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música” (2009) ha sido calificado como hito cultural de nuestra época. Su enorme amor por la música le lleva a narrar de forma magistral los principales acontecimientos del siglo teniendo a la música como hilo conductor. Y como él bien nos dice “nunca vamos a lograr traducir la música a palabras, como tampoco se puede en otros artes. Aunque el lenguaje nos resulte insuficiente nos urge compartir la experiencia”. Imposible resumir en estas líneas la tremenda labor de investigación y la visión global que el libro nos ofrece del siglo XX. Y, a pesar de su afirmación de lo insuficiente que resulta el lenguaje, consigue con nota describirnos todas las sensaciones que la música provoca.


Por si esto fuera poco, si ya me tenía ganada con “El ruido eterno” , ahora me acaba de conquistar del todo con su última publicación “Escucha esto” donde lleva al papel algo que yo siempre he pensado y defendido ante los gestos condescendientes de quienes me escuchaban (angelico, pensarían) y es la idea de que en la música no hay fronteras. Así, en su libro van de la mano Mozart, Dylan, Radiohead, Brahms, Björk, entre otros ¿hay mayor felicidad?. 
Confieso que no me lo he leído todavía y que lo que sé de este libro me lo ha contado la prensa pero en sus entrevistas, aquí os cuelgo alguna, deja buena constancia de lo que el libro ofrece. Me quito el sombrero ante afirmaciones como esta:

¿Por qué reducir la música a simples categorías y paradigmas anticuados cuando lo que nos atrapa es la mezcla, el mestizaje? Me encantaría que el término música clásica desapareciera de nuestro vocabulario y fuéramos capaces de encontrar otro. Pero aún no he logrado hallar algún término que me convenza. A lo mejor nos hemos encallado en él. El problema más grave es que se refiere a música del pasado, a música que huele a muerto. Existen muchos creadores en activo que exploran esas tradiciones y que se convierten en invisibles porque el término clásico no puede englobarles a ellos.
Un rompedor, vaya. Como lo fuera Nietzsche en su momento.
Salvando las distancias, claro.

Disfrutad de este día con música y si la compartís mejor.




 
http://www.abc.es/cultura/libros/20130309/abci-alex-ross-escuchar-musica-201303081549.html

jueves, 7 de marzo de 2013

de Vega a Vegas

El día que murió Antonio Vega.

El día de Mayo que murió Antonio Vega la pena me dejó todo el día fuera de juego y, con la cantidad de gente que le quería, me imagino que alguien ahora mismo sabe de lo que hablo. Todos somos irrepetibles pero no todos llegamos a ser tan especiales, ni a dejar la huella que él dejó.
Yo, sin saber lo que tenía, durante mucho tiempo le hice esperar en mi estantería dentro de un vinilo de Nacha Pop que había llegado ahí de forma rocambolesca y con una dedicatoria: “lo nuestro será siempre algo más que una tontería”. Fue un regalo que un noviete le hizo a una amiga y ella lo rechazó, me lo dio a mí porque el chaval en cuestión resultó ser gay. Al no sentirme dueña del disco, por pudor, no lo escuchaba, hasta que un día lo oí y comenzó a sonar “Una décima de segundo” toda una revelación. Dejó de ser una tontería para pasar a ser parte de mí, cogerme de la mano y llevarme con los ojos cerrados a infinitos campos hasta ese día de Mayo.
Todos fuimos testigos de su vida marcada por la poesía y la droga, de las que nunca pudo escapar, y bien que se lo agradecemos porque quizá por ello nos dejó una herencia de la que ya muchos no podemos prescindir.

Creo que la canción que hoy os dejo es mi favorita, aunque me cuesta decantarme por alguna. Esta versión al lado de Enrique Urguijo (más madera) me parece que deja sin aliento y a mí me pone las pilas.




Y entonces llegó él

Con otra forma de hacer y de sentir distintas, se presentó un día por mis oídos Nacho Vegas diciéndome que casi conoció a Michi Panero. Al principio, no le entendí bien, no sabía de qué iba pero de repente se me hizo imprescindible no sé si como persona o como artista. En estos días se reeditan dos discos suyos en vinilo “Desaparezca aquí” y “Verano fatal”

Me impresiona la valentía y la determinación con la que afrontó su salto desde Manta Ray, ese indie español tan inglés, para comenzar a cantar en solitario en castellano y abierto en canal. Alabo su honestidad y su grandeza para contar sus sinvivires y su paso por las drogas, en este caso zanjado con éxito.
Si a esto añadimos que creció escuchando a los Housemartins, Morrisey, que versiona a Cecilia, colabora con Bunbury, su gusto por Dylan, o por Raymond Carver y encima se compromete con su tiempo y se implica políticamente, pues creo que no hay duda: es el hombre de mi vida, por favor, que alguien vaya y se lo diga.

Hoy que una guerra va a estallar creo que con un beso me basta o quizá me confunda.