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"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

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domingo, 16 de marzo de 2014

Lo de más

Intentando atrapar las palabras que digan lo de más. 
Silvio Rodríguez



Lo de menos son todos los secretos
que intuyo, huelo, toco
y siempre te respeto.
Lo de menos es que jamás me sobres,
que tu amor me enriquezca
haciéndome más pobre.
Lo de menos es que tus sentimientos
no marchen en horario
con mi renacimiento.
Lo de menos es larga soledad,
lo de menos es cuánto corazón.

Lo que menos importa es mi razón,
lo de menos incluso es tu jamás,
mientras cante mi amor
intentando atrapar
las palabras que digan lo de más.


Amoroso, de forma que no mancha,
en verso y melodía
recurro a la revancha.
Mi despecho te besará la vida
allá donde más sola
o donde más querida.
Donde quiera que saltes o que gires
habrá un segundo mío
para que no suspires.
Es la prenda de larga soledad,
es la prenda de cuánto corazón.

Lo que menos importa es mi razón,
lo de menos incluso es tu jamás,
mientras cante mi amor
intentando atrapar
las palabras que digan lo de más.

Pajarillo, delfín de mis dos rosas,
espántame los golpes
y no la mariposa.
Ejercita tu danza en mi cintura
aroma incomparable,
oh, pan de mi locura.
Con tu cuerpo vestido de mis manos
haré una nueva infancia,
al borde del océano.
Desde el mar te lo cuento en soledad,
desde el mar te lo lanza un corazón.

Lo que menos importa es mi razón,
lo de menos incluso es tu jamás,
mientras cante mi amor
intentando atrapar
las palabras que digan lo de más.


Y después de un año de blog ¿qué?

Pues tomaré prestadas las palabras de   Silvio Rodríguez,   un maestro en esto de escribir que sabe cuando se llega al umbral del silencio, de la soledad, y cuando las palabras se escapan o se vuelven inútiles.




Maravillosa canción esta, dylaniana diría yo, que captura con apenas unos trazos la magia de la escritura, del amor, del misterio y también de toda esa impotencia que se siente cuando lo expresado no acaba de encajar con lo sentido, cuando lo visible es la punta del iceberg y cuando la respuesta no es la esperada. Perfecta composición que da cuenta de su maestría y lucidez.

Así es, tras este tiempo, me percato de todo lo que me queda por escribir y por dar forma, de todo lo que me queda por contar sin saber muy bien si debo o si sabré. Me sitúo de este modo en las lindes de la página en blanco y pidiéndole al pajarillo que me espante los golpes pero no las mariposas. Qué locura.



Y esto me ha hecho acordarme de uno de los pocos ensayos que me he leído en mi vida con fruición y totalmente cautivada. 

El laberinto de la soledad de   Octavio Paz,  un estudio donde se disecciona al mexicano, su historia y su personalidad y que, como todo lo local, al final termina siendo universal. Un libro que no solo resulta atractivo por el fino análisis con el que se trata el tema sino por el deleite que supone leer a su autor.


En su Apéndice final bajo el título La Dialéctica de la soledad cuestiona las barreras que nos imponemos a nosotros mismos o que simplemente nos son dadas y como nuestra capacidad de elección, nuestra libertad, espera ahogada en un mar de convenciones sociales que nos aíslan y empobrecen. Ahí, detrás, agazapadas, estarían las palabras que dirán lo de más… y en esas estamos.


martes, 18 de junio de 2013

¿A un día de Verano habré de compararte?



Shall I compare thee to a summer's day?  
William Shakespeare


Nada mejor que recurrir a Shakespeare cuando mi intención de hoy es volcar el Verano en estas letras. ¿A un día de verano habré de compararte? Ni eso puedo, tú eres mejor aún. Ni siquiera el Verano con toda su belleza puede compararse a mi amada. 
Ahí es nada, lo dice Shakespeare. 


Porque el  Verano,  como el Amor, es pura Vida. Así que aquí vengo yo en este día con el Verano a cuestas. 

Somos muchos los que al llegar el Verano revivimos a un estado más pleno, más feliz, más consciente en todos los sentidos. Nos vemos más guapos, más seductores. 

Será por estos días llenos de luz, por el cambio de ritmo, por la fruta, por ese primer chapuzón en el que todo el cuerpo se regodea, por la pereza de las tardes, por el lento transcurrir del tiempo, por el vaguear, por los conciertos al aire libre, por las largas conversaciones nocturnas, si hay suerte, hasta interesantes (difícil pero no imposible, lo decía Morrissey aquí hace unos días ;) por amanecer despacio… Aparcando la prisa, y ralentizándolo todo con alevosía y a veces nocturnidad… 

...slow ...slow .... ... …slowly






Ya sé, ya sé, hay quien se agobia, que resopla y suda, una lástima. Se arrastran de un sitio a otro buscando sombra o un aire acondicionado a tope para poder seguir respirando. Farfullan todo el rato y se enzarzan en una lucha a muerte contra los grados. Supongo que nada que se les diga aliviará el trance y de nada valdrá recomendarles que disfruten del calor mimetizándose con él. Una pena.





Desde el primer día que me despierto oyendo a los pájaros juguetear en el aire me asalta la sensación de que algo nuevo está por descubrir y disfrutar. Que la vida espera. Y también, por qué no, llegar al Verano me pone algo melancólica y recuerdo esos primeros veranos llenos de nuevos amigos, de amores, de música y donde el día estaba lleno de deporte y la noche… también. En ellos se materializaba como nunca la promesa de algo nuevo y distinto. 

Los grandes descubrimientos vitales siempre suceden en Verano ¿verdad? “unos días conocidos sin prisa, sin hacerse notar, igual que amigos tímidos” diría García Montero.


Pues sí, todo esto quería contaros hoy y triunfar de nuevo en vuestros corazones (:  …pero una vez y otra vuelve a mi cabeza esta imagen que aquí os dejo porque si algo hemos tenido los de nuestra generación es mucho, mucho, mucho….  

Verano Azul …


www.webalia.com

martes, 14 de mayo de 2013

Ese amor



El nombre de una mujer me delata.
Jorge Luís Borges


Si viviera mi abuela sé exactamente lo que diría justo hoy que me dispongo a meterme en camisa de once varas escribiendo este post: “ya tenemos aquí a la abogada de causas pobres”, una frase que me repitió mucho en mi infancia porque yo era muy dada a meterme por medio de discusiones que ni me iban, ni me venían y defendiendo siempre lo imposible.
¡¡¡Ahí vamos!!!
Estos días, a raíz de la pretensión de Di Stefano de casarse con su secretaria 50 años más joven que él, he mantenido distintas conversaciones con mis amigos, alguna coleaba de tiempo atrás, acerca de las relaciones que pueden establecerse entre un hombre y una mujer, bueno, entre dos personas (no quiero defraudar a mis amigos y amigas de cualquier orientación sexual) y hasta qué punto pueden llegar a ser sinceras o no, sin mediar intereses por medio, sobre todo, cuando la diferencia de edad es notable. No entraré a opinar del caso de Di Stefano porque lo desconozco y no me siento con derecho a ello. Mi argumentación irá por otra vía.
Por lo general, la opinión que triunfa ante estos casos en los que la diferencia de edad es grande es que no hay amor. Todos dan por bien probado que siempre se mueven por interés. Nadie se para a analizar las peculiaridades de cada relación para después opinar. Y si la que es mucho mayor es la mujer menos aún.  En este aspecto, en pleno siglo XXI, aún resulta un tema tabú y motivo de rechazo incluso para las mentes más progresistas.
Sería ingenuo pretender que no se dan casos en los que el poder, la fama o el dinero actúan como un poderoso imán y que hacen extraños compañeros de cama. Haberlos, haylos, claro que sí, pero me cuesta entender porque nadie concede el beneficio de la duda y, a priori, rechaza este tipo de situaciones. El doctor norteamericano Waye Dyer creo que acierta cuando nos dice que  “tu nivel más alto de ignorancia es cuando rechazas algo de lo cual no sabes nada”.
Pero para gustos los colores y lo que ocurre entre dos personas solo ellas lo saben. El  koi no yokan japonés, ese primer chispazo, sigue y seguirá siendo un misterio mientras la raza humana exista.
A los más escépticos se lo digo, el   Amor  existe, creedme, y se da hasta en las condiciones más adversas.
Os podría hablar de gente muy cercana que vive o vivió (ya murieron) plenamente su relación habiéndolo tenido todo en contra desde el principio, o tal vez por eso. Pero al ser anónimos nos os dirían nada. Si os hablo de Clint Eastwood que se lleva 35 años con su mujer,  o de Hugh Jackman 13 años más joven que ella, ya sería otra cosa. Pero hoy yo quiero hablaros de dos historias que siempre me han emocionado y que siempre he envidiado.
Empezaré con María Kodama, viuda de Jorge Luís Borges, que aún hoy, casi treinta años después de su muerte, tiene que seguir defendiéndose de los ataques de la gente, de la maledicencia y de la envidia  que su relación con el escritor levantó y levanta, llegando incluso a los tribunales y ganando siempre.
El primer encuentro de María Kodama con Borges se dio cuando un amigo de su padre la llevó a una conferencia del escritor con tan solo 12 años. Más tarde, con 16 comenzó a ser su alumna sin sospechar que se convertiría en su compañera ya para el resto de su vida.
“Borges fue mi elección”  dice María, pero es que también fue la de él,
"Yo pronuncio ahora su nombre, María Kodama. Cuántas mañanas, cuántos mares, cuántos jardines del Oriente y del Occidente, cuánto Virgilio".


Voy a dejar que hable ella que creo que lo contará mejor  :

"… el matiz está dado no por lo que se hace, sino por la forma en que se hace, en la intensidad que se le pone a las cosas. Creo que eso es lo que hace la diferencia entre vivir con Borges o con cualquier otro señor. Simplemente porque el matiz, la sensibilidad, las palabras que se eligen para decir las cosas son totalmente distintas aunque la cotidianeidad sea la misma."
"Fue el gran amor de mi vida. Por un lado extraño todo lo que compartíamos juntos y lo que nos divertíamos. Y todo el afecto, la ternura, el cariño y el amor... Pero por otro lado, es como "el milagro secreto" (yo lo llamo así), porque a lo largo y a lo ancho del mundo, toda la gente que nos conoció juntos lo recuerda, y me lo recuerda, con enorme cariño"


La segunda historia viene de la mano de  Yann Andréa Steiner, autor de Ese amor, donde nos cuenta su relación con Marguerite Duras, 38 años mayor que él, y con la que vivió una hermosísima historia de amor que dio comienzo el día que, siendo él un estudiante, se atrevió a solicitar permiso para poder escribirle y eso estuvo haciendo durante cinco años sin recibir respuesta hasta que ella un día dijo “Venga a verme”.


“… y después hubo la puerta que se cerraba detrás de ti y de mi. Detrás del cuerpo nuevo, alto y delgado. Y después hubo la voz. Aquella voz de increíble dulzura. Distante. Real. Era la voz de tu carta, la voz de mi vida”


Se inició entonces una tormentosa relación, que duró hasta la muerte de ella, en la que no faltó detalle: pasión, celos, desgarro, risas, trabajo, largos paseos y alcohol.

Poco se supo de él, mientras ella vivió permaneció siempre en el anonimato. 

Maguerite Duras le dio el nombre de Yann Andréa Steiner (en realidad se llama Yann Lemée) e incluso hizo de él un personaje de sus novelas y sus películas. Fue su secretario, su chófer, su enfermero, su amante. La dedicación a ella fue tan absoluta que a su muerte paso por un período tremendo en el que estuvo en juego también su propia vida.

Desde la publicación de Ese amor en el 2000 no se ha vuelto a tener noticias de él.

Son solo dos ejemplos pero das una patada y te salen numerosos casos a lo largo de la Historia y también en nuestros días ¿por qué entonces nos choca tanto?
Pienso que tendemos a rechazar aquello que se escapa a nuestras convenciones, a nuestro entendimiento y que nos cuestiona muchas cosas. Sin ir más lejos, nos cuestiona nuestros planteamientos estéticos: lo joven es atractivo, lo viejo no. Cuando alguien se sale de este planteamiento y se atreve a hacerle un quiebro a esta convención se convierte en sospechoso.

Y esto pasa en un Madrid y en un siglo XXI al que esperábamos, en todos los sentidos,  más avanzado de lo que nos ha salido.






martes, 30 de abril de 2013

Unos atorrantes



«La amistad es una religión sin Dios, sin Juicio Final y sin diablo. 
Una religión no ajena al amor, a un amor donde se proscriben la guerra y el odio, 
donde es posible el silencio.»
Elogio de la amistad, Tahar Ben Jelloun







Podría transcribir ahora entera la canción de Serrat  “Las malas compañías”  y con ello dejar sentenciado este post porque en ella se encuentra todo lo que hoy os vengo a contar acerca de la amistad.  Sí, esa cosa de la que a diario nos encontramos tantas frases hechas. Esa cosa que va acompañada siempre de un amigo. Preciosa palabra.

Los años y la vida  ayudan a entender razones y miradas. Por eso, con el tiempo, “en ocasiones veo amigos” al doblar cualquier esquina, al traducir detalles que antes, por estar yo a mis cosas, se me escapaban, al comprender su lenguaje, casi siempre no verbal. Al conectar siempre con algún rasgo de la gente, mi corazón podría ser un conventillo, como en cierta ocasión decía Mafalda.

Pero que salte la chispa es siempre un asunto a dos:


“Pones juntas dos personas que nunca antes han sido puestas juntas y a veces el mundo cambia, a veces no. Pueden chocar y quemarse, o quemarse y chocar. Pero a veces algo nuevo se construye y entonces el mundo cambia. Juntas, en esa primera exaltación, son mucho mayores que en sus dos entes separados. Juntas, ven más lejos, ven más claro".
Levels of life, Julian Barnes


Con este párrafo Barnes comienza su último libro, en donde habla de su relación de pareja, es decir, de amor. Pienso que podemos extrapolar la intención del texto también a la amistad.
¿Acaso no es la amistad también amor? 
Aunque es obvio donde ponemos  la línea divisoria. 

La amistad tiene la ventaja de que puede mantenerse a kilómetros de distancia y sin embargo sentirse muy cerca. El amor puede que no resista esta separación pues la conexión física y mental es primordial, y puede darse el caso de estar muy juntos físicamente pero la mente a kilómetros de distancia. En ese punto el equilibrio es complicado… y chungo si te dicen “te quiero como amigo”... ufff…jodido.

La amistad no tiene este grado de exigencia.

Julian Barnes tuvo la fortuna de vivir en pareja la plenitud conjunta del amor y la amistad. Levels of life, habla de esto y, sobre todo, del dolor ante la muerte de ella. No obstante, cuestión de carácter, me quedo con esa idea que transmite de que el riesgo a correr es un pequeño precio a pagar por el placer de elevarte por encima de la vida ordinaria en una ola de entusiasmo.   
Quería hacerle hoy una mención porque creo que el libro merece la recomendación y está recién salido del horno.

Pero me disperso… por dónde íbamos…
Ah, si… la amistad.

Bueno, más que de la amistad, así en abstracto voy a hablar de los amigos.  

Desde ese preciso momento en que comienza la amistad, desde ese instante en el que alguien da al interruptor de encendido, traspasa los límites y te toma por rehén, yo no veo más que ventajas.

Hay tantas clases de amigos como personas. En Elogio de la amistad, Tahar Ben Jelloun nos habla de unos cuantos: el amigo intermitente, el amigo de paso, el amigo desaparecido, el amigo reencontrado. Pero luego está el amigo incondicional, sin intermitencias, que llegó a quedarse, aún en la distancia, y por el que no pasa el tiempo pues la conexión es tan buena que, aunque transcurra mucho sin hablar, la comunicación siempre se restablece en el mismo punto sin dañarse.

Un buen amigo nada tiene que ver con un conocido, un compañero de trabajo, un familiar. Esto con frecuencia se confunde. Un buen amigo te conoce bien porque se ha tomado su tiempo, está en sintonía, escucha, es discreto, no juzga, reconforta, libera. Si es de los buenos, buenos, te ayudará, te enseñará, te hará crecer, vivir, te dará alas y te las reparará si es necesario.

Me gustan los que te quieren con locura y cuando se les nota demasiado disimulan. Disimulan también cuando a quien se le nota la locura por ellos es a ti, no vaya a ser, qué tontería, que nos volvamos moñas. Este pudor contrapuesto con el desahogo con el que se beben la vida, se desmarcan de las reglas y derraman su tiempo y su vida en tu copa como si no hubiera un mañana, se convierte en una mezcla irresistiblemente perfecta e imprescindible para transitar por la vida.

¿Que los buenos amigos se cuentan con los dedos de una mano?
… bueno, y a veces también de un pie ;)

¡Qué le voy a hacer, mis amigos son unos atorrantes!